lunes, mayo 30, 2011

El gatito atento


Uno puede conquistar un continente y tras el paso de los siglos su estatua convertirse en un buen lugar para que descanse una paloma. A veces nos sentimos inmortales y sólo somos la brisa de una tarde. De ahí que cada momento sea algo maravilloso a lo cual entregarnos sin miedo y con confianza.


Andando por Essaouira, por una de sus callejuelas, di con una librería, buscaba un libro. El lugar, de pequeñas dimensiones se encontraba lleno de libros y antigüedades, predominaban las máscaras africanas y los amuletos.

Me gusto el gato encima de una de las vitrinas de los amuletos. El gato es un ser libre. Es un ser yoguico. Relajado vive cada instante. Es remolón una veces, arisco otras, amoroso, flexible de corazón. Se encuentra permanentemente atento, parece como si su conciencia estuviera encendida a modo panorámico hasta cuando duerme.

He tenido a gatos a los cuales he amado mucho.Siempre he aprendido mucho de ellos para mi práctica de yoga. Haga lo que haga el gato se encuentra "vivo", "despierto", "pleno" y profundamente relajado.



Somos dos locos entre Moguer y Beas que estamos criando burros. A mi amigo Jesús le ha nacido hace un mes un burrito. La primera vez que ví uno sentí tanta ternura que me parecía que ese osito de peluche tenía que compartir conmigo muchas cosas. Y así es, ahora llevo dos años criando a Coquelico, mi burrita, con la idea que dentro de tres o cuatro años nazca un burrito o burrita tan hermoso como el de la foto.

Los burros desaparecen, se extinguen. Me hace feliz compartir momentos con ellos y ahondar en otros modos de ternura, con un animal que desde tiempos inmemoriales convive con el hombre, y al que la mecanización y la productividad llevan al olvido.



Y han pasado los siglos y el yoga sigue vivo, abriendo los corazones, uniendo a las personas. Permitiéndonos ver tras la práctica una ventana de libertad, de aire, de brisa, de espacio.

Hubo un tiempo que me sentí una estatua que deje que la vida pasara sin "despertar" a lo que soy, ahora no es así, ahora siento la brisa en mi piel. Siento tantas cosas que a veces creo que no puede ser cierto, y entonces respiro y agradezco a la vida la fortuna de no ser una estatua.


Miles davis et John Coltrane - So what
http://www.youtube.com/watch?v=P4TbrgIdm0E&feature=related

domingo, mayo 22, 2011

Cádiz y el escuchador


Estuvimos el fin de semana en Cádiz, para encontrarme con mi madre y mi hermana, que venían desde Madrid. Ha sido un “finde” tranquilo, lleno de paseos y de charlas, y siempre con la alegría de volver a encontrarme con la familia.

Hace más de 16 años que salí de Madrid, estuve primero por Galicia, luego por Sevilla, y ahora en Huelva. Pero durante años, cuando estudiaba, cada escapada que hacía, era hacia Cádiz, hacia Caños de Meca, hacia Bolonia, hacia Zahara, hacia Tarifa.

El amanecer y atardecer  densos en colores, el mar tan acogedor, la vista a África, el paso al Mediterráneo, la hermosura de sus playas en ese momento no violentadas por tanta construcción. Todo ello me traían una y otra vez a sus playas.

Y este fin de semana, todo me ha venido de golpe: los viajes interminables, los campings, el dormir en la playa; el imaginarme cuando en Caños, sentado en el interminable Palmar de entonces, junto al faro, metido desnudo en un circulo hecho de piedras que me protegía del levante, me alucinaba la batalla de Trafalgar ahí delante; o cuando buscaba andando por la arena del amanecer los restos de los mástiles, o algo que trajera el mar con la marea, alguna concha mágica para convertirla en mi amuleto de la suerte.

Hubo un tiempo por entonces, que viví en la playa durante un par de semanas, tenía 20 años, y acabe allí pues se me acabo el dinero para pagar el camping Camaleón, y entonces nos juntamos mucha gente interesante en la playa.

Y por la noche, a la luz de la fogata:

me prometí que iba a escuchar todo lo que tuvieran que contar  aquellas personas únicas y maravillosas con las cuales me había tocado vivir, que no iba a interrumpir, y que iba a procurar ser lo más comprensivo que pudiera con lo que me dijeran, que no juzgaría, ni tampoco intentaría que mi opinión fuera ganadora en ningún dialogo, simplemente me dedicaría a escuchar. Y durante dos semanas escuché y escuché, y viví mas intensamente todo, aprendí mucho del silencio, de lo interesante que resulta tener la atención en el otro, de lo alucinante que resulta la vida de muchas personas, lo importante que es tener sujeta la lengua por un rato.

Luego en mis paseos ahondaba en el silencio que iba aprendiendo, comulgando con la arena mojada que pisaban mis pies, o con el ruido suave del reventar de las olas, o con la brisa que me agitaba la piel.

Este fin de semana mi hermana Natalia me comentaba una frase que le había gustado: “ hay que comprender antes de ser comprendido”, es una frase de la cual ya hablaremos. La frase me lleno de añoranzas de mis viajes juveniles, y de cuando decidí un día escuchar antes de ser escuchado.


Nina Simone/ Feeling Good


miércoles, mayo 18, 2011

La atención y la presencia


Uno de los aspectos más hermosos del yoga es su capacidad de educar nuestra atención, de depurarla, de pasarla por un tamiz para darnos cuenta de lo que es realmente importante. El día se pasa en dispersión llevando la atención de un lado a otro y nuestra atención muchas veces se pierde inútilmente en mil y una historias. El yoga y la meditación nos permiten disponer de unas herramientas que nos dan calidad de vida, y eso nos hace más felices, a nosotros y al círculo nuestro, y a la vida en general.


Focalizar la atención en un lugar depende de nosotros, es una decisión. Cuanto más eduquemos la atención más “despiertos” estaremos.

En yoga empiezo a darme cuenta que tengo un cuerpo, luego que muevo ese cuerpo en el espacio, más tarde que las partes de ese cuerpo puede dialogar, luego uno las partes con la respiración, y movimiento, respiración y cuerpo se mueven al unísono. Sí, es muy hermoso porque nos hace sentirnos bien interiormente, pero detrás de todo ello se encuentra nuestro aprendizaje de ir educando la atención, de tener la intención en esa atención.

La atención nos da conciencia, por ejemplo realizando una postura de yoga:

esto quiere decir que si me doy cuenta que tengo un brazo y ese brazo lo uno al otro, que las piernas me encajan y me enraízan al suelo, que la pelvis, y el tórax dialogan con lo anterior, que mi cabeza, mi espalda también hablan con las otras partes. En definitiva si fijo mi atención, y me educo a ello, me doy cuenta que ello existe, aunque antes sólo lo pensaba, ahora lo siento, y no sólo lo siento, sino que al unirlo con la respiración y con la fluidez lo vivo de pleno.

Entonces ya estoy educando mi atención, es decir “me doy cuenta y siento en ese momento lo que hago”

La atención, entonces, me da presencia, me trae al presente, hace que viva plenamente el momento que vivo, sin que la vida se pase entre el pasado y el futuro.

Puedo comer un melocotón pero no vivirlo, por ejemplo si estoy enfrascado viendo la televisión o pensando en las musarañas.

Puedo comer el melocotón poniendo mis sentidos en su sabor, en mis mordiscos, en su textura, en lo que es.

Si no lo vivo es como si no fuera, si no estoy atento lo que vivo pasa a ser como la “comida basura”.

Para tener atención hay que estar en calma, para pasar de percibir alocadamente lo externo a percibir conscientemente mi vida interior.

Para empezar a educar la atención sólo hace falta poner atención a los pequeños detalles, se puede empezar a practicar en cualquier momento, sus resultados son bellísimos.

Seguiremos hablando de la atención…


Beth Orton - Ali's Waltz

http://www.youtube.com/watch?v=JzD8VzvKUZk&feature=related

domingo, mayo 15, 2011

La gallina canibal


Kiriko, nuestro gallo llevaba unas semanas nerviosito. A un par de kilómetros de casa hay muchas gallinas, que se pasan el día cantando, y Kiriko las oye, y se altera. Así que reflexione, y me dije "le tengo que encontrar pareja".

Hablando con las personas que saben me dijeron “Como mínimo seis gallinas”.

Me puse a buscar las gallinas y preguntar por aquí y por allá. Nadie sabía mucho y las pocas direcciones que podía encontrar eran lugares en el campo de difícil acceso. Pero me dije: “A por ellas”.

Del primer sitio, tras dar muchas vueltas no lo encontré. Fui a por la segunda dirección donde podía haber alguna gallina: caminos de tierra, sol, vueltas y vueltas. Preguntando por las casas si sabían de alguien que vendía gallinas. Por fin encontré la casa:

-Hola buenos días ¿usted vende gallinas?

-No me quedan, sólo me queda una con el pico cortado.

Pensé que la gallina con el pico cortado era algún clon de gallina. Hace años tuve un clon “pollipavo” en Galicia y era súper agresivos, además de tener cagalera permanente.

-Gracias por todo, prefiero gallinas con pico y busco más de una.

Seguí buscando en la lista de direcciones. Seguí preguntando, indagando. Y se paso la mañana.

Y no había gallinas. Me resulto curioso. Me encontraba cansado. Me quedaba un sitio, situado entre dos pueblos, en un caminillo. Cansado me concentro más, así que me dije: “Este lugar lo encuentro como me llamo Carlos”. Pero por el camino que me dijeron había casas y casas pero no había nadie, ni ninguna granja ni nada, ningún ser humano. Tuve que volver para atrás. Vi una especie de bar de carretera, un hombre mayor dormitaba el calor.

-Buenas tardes, me han dicho que por aquí alguien vende gallitas, usted sabría si fuera tan amable.

-Sigue recto por la carretera y a 800 metros a la izquierda.

Seguí recto contando los metros, me metí a la izquierda, en una pista llena de agujeros, parecía recién bombardeada a vuelo rasante. Fui sorteando baches. Pero no había nada. Pero seguí y seguí. Y había una casa con el portón abierto y me detuve a preguntar. Salio un niño a recibirme, que fue a llamar a su madre.

-Hola, buenas tardes, me han dicho que alguien vende gallinas, usted sabría si fuera tan amable.

-Sí nosotros vendemos.

-Genial, podría verlas

Y segui a la mujer y al niño hasta una pequeña nave donde se oían las gallinas. Al entrar todo era oscuridad y dos filas de jaulas y jaulas y jaulas pequeñas que ocupaban todo lo largo de la nave. Me preguntó:

-Las quieres blancas o marrones.

-Me da igual.

Nos acercamos a una jaula, había seis o siete gallinas por jaula. La jaula estaba puesta como en pendiente, para que cuando pusieran huevos, estos cayeran a una bandeja.

-¿Cuántas quieres?

-Quería tres, gracias.

Pensé que Kiriko con tres se las tenía que apañar.

Abrió la jaula y las fue sacando con maestría, le dio una al niño, otra a mi, y la tercera la llevaba ella. Al salir a la luz note algo raro a la gallina que llevaba.

-Perdone, la gallina le pasa algo en la boca, perdón en el pico.

-Sí lo tiene cortado, mira las otras están igual

-¿Porqué les cortan el pico?

-Para que no se coman unas a otras

-¿Cómooooooooooooooooo?

-A todas las gallinas ponedoras en jaula se les corta el pico.

Y me lleve las tres gallinas con el pico cortado. Los primeros días se encontraban desorientadas, no andaban bien, iban como zombies. Era lógico, desde que nacieron estuvieron en una jaula, hacinadas, sin casi luz, tan desesperadas que se volvían locas y atacaban a sus compañeras.

Mirándolas en el jardín, a la luz del sol junto con Kiriko comiendo maíz, trigo y pan, aprendiendo a vivir, pienso en los antiguos encinares que poblaban toda la sierra, y que ahora cuando paseo sólo veo eucaliptos, y pequeñas islas mínimas de encinares o pinos. Todo ello ha cambiado el paisaje y ha degradado la tierra, a los animales, al hombre y al entorno. Todo por el canibalismo de una papelera. Y pienso en la ría de Huelva, tan hermosa, con tantas posibilidades de abrir nuestra hermosa ciudad al mar, rodeada de unas fabricas y de un humo caníbal que nos come la salud.

Todo se vende, todo se compra, todo se justifica, todo se canibaliza, hasta las emociones.

 Ahora Kiriko canta junto a las gallinas cojas, casi no se le ve, anda distraido y acompañado, el calor aprieta y no corre la brisa. Coquelico rebuzna, y Mariano me mira. Se oyen a los jilgueros, que han hecho nidos por casa. No muy lejos se oye el ulular de una pareja de tórtolas.

The Supremes Baby Love















domingo, mayo 08, 2011

El abrazo alimenta tu corazón

Dedicado al Pequeño Tao, con todo mi cariño, por su valentía, calma y comprensión de los avatares vitales.





El otro día estuve hablando con un amigo, y conversábamos sobre el contacto, los abrazos, el acto de tocarse. Me contaba que él siempre procuraba abrazar a sus hijos, cada vez que podía. Un abrazo de amor a cualquier hora, en cualquier momento y ello le llenaba de felicidad.

Comentábamos que casi no se abraza, no se toca, no se siente la piel del otro.

Estos años, en los diferentes talleres que hemos realizado, o alguna vez en clase hemos ido ahondando en este tema. El tocarnos. Hemos tenido reacciones de todo tipo, todas respetables, pero la síntesis es muy buena: el tocarse cura, alimenta, relaja.



Las razones por las cuales las personas no se tocan pueden ser muchas. Si no hay prácticamente contacto con aquellos que queremos, es difícil lo haya con los amigos o con los desconocidos.

Parece ser que si tocamos, sentimos, y si sentimos, somos vulnerables. Eso puede ser un primer razonamiento. Pero el hecho es que cuando nos abandonamos a sentir, a tocar y a dejarnos tocar, a fundirnos realmente en una caricia o un abrazo, cualquier atisbo de rechazo desaparece.

Hay unas barreras mentales, una vez las obviamos, el abrazo reconforta. Lo difícil es llegar a darnos cuenta que sobre todo es el mental lo que nos separa del otro, de su abrazo, de su piel, de su sentir.

Me hacen gracia esos abrazos que damos, donde nos acercamos, damos unas palmadas rutinarias, gastadas ya de tanto uso reiterado sin sentido. ¿Por qué nos resulta tan difícil dar un abrazo de verdad, de corazón a corazón, de sentimiento a sentimiento?

Dar un abrazo o una caricia con plena atención en el acto que hacemos es maravilloso. El abrazo te trae al ahora y te abre al universo.



Y qué pasaría si probáramos, si sintiéramos el corazón del otro. Si nos dijéramos “abrazarte te alimenta, me alimenta, nos hace más libres, más creativos, expande lo que somos los dos, trae más paz a todos”.

Creo que si primero aprendemos a respetarnos a nosotros, a amarnos como somos, de ahí podemos ser capaces de abrazar, de acariciar a aquellos que amamos. Es importante el contacto, sentir la piel de la persona que tienes junto a ti. Creo que un buen modo puede ser empezar a abrazar, a acariciar a nuestros seres queridos: a nuestros padres, nuestros hermanos, nuestra pareja, nuestros hijos. No importa que con nosotros no lo hicieran, lo importante es que nosotros lo experimentemos, y que lo probemos sin miedos, sin angustias, sin vergüenza.

Abrazar es darte entero. Tocar es nutrir tu corazón.


Alguna vez hablábamos de la importancia de dejar semillas que nos den felicidad. Los abrazos son semillas, los brazos abiertos son aceptación, el pecho al descubierto es mostrar lo que eres, sentir la respiración y la piel del que abrazas es sentir su calidez, su emoción, su ser.

Que la piel, que el contacto no se convierta en una frontera más, ya tenemos muchas. No delimitemos tanto, encajonando todo en compartimentos estancos, incluido nuestro corazón.

Es bonito romper fronteras, abrir espacios, respirar al unísono, compartir lo que somos. Piel con piel. Mejilla con mejilla. Pecho con pecho. Cuerpo con cuerpo. Sin asustarse. Sólo es un abrazo.

Abrazarte te hace ser más tú, y que te abracen te reconforta como cuando eras niño. Toca y toca, todo lo que puedas. Y siente como los poros de tu piel se abren a la vida.

Keren Ann - Au Coin Du Monde
http://www.youtube.com/watch?v=snQy9dR2zoc&playnext=1&list=PL015EBD2D444BDFDF

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