lunes, marzo 18, 2013

Asteya, no robar ( ética del yoga )







"Unir juntos los filamentos de la mente" es uno de los significados clásicos de Yoga.

"La apertura interior de corazón transforma de un modo extraordinario el carácter, lo convierte en algo positivo, hace de nuestra vida un centro de luz, de estímulo interior..."
Antonio Blay


Asteya, se entiende como no robar. Entiendo que para lo que vamos a comentar no es el significado en el sentido clásico del término. No es que le robe algo al vecino por ejemplo, su dimensión es más profunda.

En asana  que es donde nace la comprensión de su dimensión más honda, significa que  voy aprendiendo a estar atento y alerta de un modo relajado a la postura de yoga. Mi atención no se distrae, al revés se amplía. Ese estar atento a mí, a lo que siento, a lo que me pasa, a mi cuerpo, a mi respiración sería un buen primer paso para comprender asteya, ya que si estoy atento en postura, aprendo a permanecer centrado.

Si aprendo a estar centrado puedo aprender a no robarme muchos aspectos de mi vida. Puedo aprender a vivir mi presente en mi vida diaria y estar atento a los pequeños detalles que suponen el día a día, y con ello no me robo, no dejo que mi vida pase distraída en lo que quiero y en lo que soy.

En el sentido amoroso puedo estar atento hacia aquellas actitudes que abran, que permitan crecer mi corazón, en lugar de estar atento en actitudes o emociones dañinas hacia mi persona, que hacen que emocionalmente me robe en el acto y en la hermosura de vivir, en el hecho de "estar amando".

En el aspecto mental prefiero que mi atención se dirija hacia aquellas conversaciones interiores que me hagan mejor persona, no conversaciones interiores que surjan de la ira o el miedo, y que favorezcan situaciones de dique o bucle dentro de mi mente, robándome así fluidez y ligereza.

Cuando me alimento trato de hacerlo con alimentos que no me roben la salud. Cuando me siento a comer lo hago como momento de compartir para no robar la paz a mi estomago ni a mis órganos  ni a mis acompañantes en la mesa.

En mi espacio personal trato de respetar mi espacio propio, no dejándome arrastrar por espacios de obligación propios o espacios de otros, así no siento que se me roba mi espacio, pues los límites se han marcado o negociado ya dentro de mi, ya con el otro.

En el ámbito energético hay un faro de "escucha" permanente interior que va calibrando energías y descansos, hacer y no nacer, acción y detenerse, de modo que no me robo mi energía y mantengo en lo posible cierto equilibro.

En el aspecto físico y respiratorio procuro mantenerme despierto y en permanente practica mediante el yoga, la salud de mi cuerpo y mi respiración. Con mi cuerpo para mantener la salud, la armonía y con un sentido de anclarme mucho en tierra, pues muchas veces la mente me roba la vida, y he de estar igualando y creando un equilibrio entre cielo (mente) y tierra (cuerpo). La respiración por otro lado es el termómetro de lo que soy, me dice como me encuentro y me trae la Presencia, el vivir en presente por ello trato en lo posible no crearla muchos obstáculos para que me recorra libremente.

Hemos comentado algunas características de asteya. Bien, una vez surja la comprensión hacia nosotros, hacia nuestro propio trabajo interior podemos empezar a practicarlo hacia los demás, no robándoles su tiempo, su vida, sus emociones, su salud, su amor, su alimento, su espacio personal....etc.

Ismael Lo -"Takou Deneu"








domingo, marzo 03, 2013

Ahimsa, la no violencia (ética del yoga)




"Sostenemos nuestro mundo con nuestro dialogo interno"
Carlos Castaneda



Dentro de Yama, la ética del yoga, hay un punto del cual hablaremos hoy, ahimsa, la no violencia.

Ante todo recordemos a Gandhi. Si hubiera un ser humano que pueda personificar la comprensión de dicho principio ético sería él. Con la comprensión de ahimsa, como un sol, transmitió el entendimiento de que sí era posible liberarse del yugo colonial británico sin ser violento. Emanciparse sin dañar. Hablamos de la independencia de la India.

Volvamos a nuestra realidad. La violencia como tal se manifiesta en nuestra vida de muchos modos. No hace falta ser físicamente violento, eso sería la comprensión más grosera.

La semilla en nuestro caso es nuestra esterilla. Yo creo que a estas alturas es bueno darse cuenta que la esterilla es un lugar "sagrado" de práctica, simplemente por el hecho que nos entregamos a una práctica interna de conocimiento de uno mismo. Y así aprendemos a sacralizar nuestro cuerpo, y eso es importante.

Al realizar las posturas vamos aprendiendo a respetar nuestro cuerpo, a regularnos con nuestros límites, a aceptar lo que somos. Ahimsa va naciendo y creciendo en este trabajo interno, aprendiendo a no hacernos daño, aprendiendo a no competir, aprendiendo a escucharnos. Por otro lado el yoga nos va convirtiendo en personas más vulnerables y tiernas, más amorosas y menos exigentes. Ahimsa en realidad es el amor que surge en uno hacia uno, un amor unido a un gran respeto por uno.

Es bueno darnos cuenta también que la práctica  nos lleva al centro de nosotros mismos, ya sea en asana teniendo como eje de las partes, la columna; ya sea de un modo más sutil, siendo un camino hacia el corazón. Esa intención,  hace que no estemos siempre en dualidad, y al no tomar parte, todo fluye mejor, y ello favorece la no violencia y el respeto por uno mismo, digamos que hay menos lucha interna.

Internamente dentro de nuestro mundo interno si yo me cuido genero amor, si no me cuido genero violencia. Si mis pensamientos son pensamientos de miedo, de lucha, de envidia...etc. Pensamientos "nocivos" que estan ligados a las emociones en muchos casos y que nos condicionan, ello no suele hacernos bien. Alguna vez hablabamos en este blog de la metafora del jardinero que cuida las flores de su mente. Es positivo regarnos e impregnarnos de aquello que nos sana. Resulta aqui indispensable tener siempre la presencia del corazón en todo este proceso, sin él, no es posible comprender ahimsa.

Los hábitos y la permanente reactividad nos ciegan, y no nos dejan llegar a nuestro corazón. Ahimsa transforma los hábitos más perjudiciales, genera otros más amables. Nos despierta hacia aquellas reacciones que no nos dañan. Ahimsa es amabilidad, hay que ser amable con uno mismo.

Una vez sientas ahimsa, desde tu esencia impregnaras de amor tus actos, tus pensamientos, tus emociones, tu cuerpo, tus gestos...aparecera de todas maneras en muchas ocasiones la violencia, camuflada o no.
 No pasa nada, todo consiste en darse cuenta y seguir regando aquello que nos permite crecer como seres humanos con el corazón abierto.





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