domingo, diciembre 28, 2014

El yoga: un estado de Ser equilibrado


"Creo que podría transformarme y vivir con los animales.
¡Son tan apacibles y dueños de sí mismos!
Me paro a contemplarlos durante tiempo y más tiempo.
No sudan ni se quejan de su suerte,
no se pasan la noche en vela, llorando por sus pecados,
no me fastidian hablando de sus deberes para con Dios.
Ninguno está insatisfecho, a ninguno le enloquece la manía de poseer cosas.
Ninguno se arrodilla ante otro, ni ante los congéneres que vivieron hace miles de años.
Ninguno es respetable ni desgraciado en todo el ancho mundo."
Walt Whitman

Me gusta el yoga por tantas razones... tiene tantos significados... tanta profundidad...

Hoy hablaremos del significado de "un estado de ser equilibrado". Un estado es un determinado modo de estar. En el día a día, en este camino del yoga, implica una progresión que reúne muchas de las cualidades que hemos ido hablando en el blog: presencia, calma, atención, abandono, silencio, gozo, disfrute, espacio...

Diría que es ese punto de vista o actitud interna desde el cual uno actúa, donde se entremezclan con claridad ese compendio de emociones del cuerpo, de los pensamientos, de los sentimientos, de la respiración... El acto de ser consciente desde un observador, de darme cuenta, implica consciencia y ya ello crea un estado. Un estado de ser. Una luz se enciende, y ya no se apaga.

Cuando persevero tanto y tanto en clase en la importancia de "estar" en la postura, con todo lo que ella implica, trato de expresar que la postura te expresa y la labor de este profesor es enseñar a encontrar los cauces o el camino al propio alumno, que ha de encontrarse y comprenderse en la postura, nada más; ha de ir encajando su equilibrio interno, que se expresa claramente en su cuerpo, en su respiración, en su mirada, en su gesto, y ese gesto mágico, simbólico, antiquísimo, ese gesto ritual lo comprende todo.

Insisto tanto en que a veces el ego nos engaña y nos lleva por caminos acrobáticos -que están muy bien- porque la realidad es que con solo levantar un brazo inspirando y luego bajarlo espirando puedo comprenderme y comprender el yoga. En lo simple, creo, radica el camino.

Vamos a comentar algunos de estos puntos hacia ese estado equilibrado:


· Hay que tener calma, lo hablábamos ayer.  Tener calma no implica poseerla, es decir, sentir la calma, vivenciar ello, calmar el cuerpo, calmar la mente, apaciguar la respiración resulta fundamental. Esa calma conecta con lo íntimo de uno y con lo íntimo de la vida, es decir, está ahí, hay que vibrar con ella, la vida te la regala, tú la aprehendes y la regulas. Con la calma y con el traje interior no tan estrecho y exigente hay que sentir espacio, de modo que todo fluye, entra y se va.
· Hay que ir comprendiendo nociones como el apego, el abandono. Nos apegamos a tantas cosas, a tantas proyecciones, a tantas emociones, y nos genera sufrimiento que nos quita la energía. El abandono solo cabe sentirlo, es atención, presencia, conectar con el tempo de la vida, dejar pasar, desdramatizar, dejar que la vida viva. Es tanto y es nada, que es esencial.
· El permanecer, el observador, la reactividad del mental. Practicar el observar a la mente, a la vida, a uno. Dar pie a ese observador que observa. Por otro lado, ser consciente de las reactividades, que irán menguando según el observador se haga más presente. Recordemos que las reactividades nos esclavizan, son una reacción ante una proyección o una realidad del otro, y nos inmovilizan, nos cierran y nos cercan en una jaula imaginaria. Ese observador se hace más patente cuanto más observa, permanece actuando sin actuar.
· La comprensión de la sombra. No hay luz sin sombra, y es cojonudo ver nuestras sombras para hacer más hincapié en nuestra luz. No hay uno sin otro, se alimentan y se equilibran.
· Importante es la noción de pausa, de la quietud. Del ajuste entre la acción y la no acción. Su relación estrecha con la energía, con la claridad que da para andar por el bosque de la vida.
· Hay que experimentar el vacío, sentir que por llenarte de emociones, de acciones, de pensamientos   tu disfraz no va a ser más bonito, sino más pesado y denso. Aquí, junto con otras cualidades, surgiría el estado de no mente. El vacío como elemento fecundo de escucha, de gozo, de plenitud de vivir.

· Reducido el mental, el Ser va tomando protagonismo, el sentir y el disfrute son pautas básicas. Conectado a la vida, te abandonas al sentir. Atento, centrado. El verbo es expresión de lo que eres.  Tus gestos, tu cuerpo expresa tu Ser. Sabes lo que dices, sabes aquello que te moviliza a ti. Permaneces confiado y vives.


sábado, diciembre 27, 2014

Sin calma no hay yoga













En el yoga vas comprendiendo, vas aligerando, vas encontrando. Surge y surge el asombro, la certeza, la certidumbre. Te ves sintiéndote, te sientes amándote. Volatizan las complicaciones, aceptas lo que es, te adaptas siendo. Abierto ofreces la semilla, pero cada uno es responsable de que fecunde. Solo eres. Y el otro eres tú, pero también es él. Trabajas internamente para transformar fronteras, te rindes para aprender a vivir abierto.

Decíamos hace un par de semanas en clase que sin calma no hay yoga. El yoga nos ha de llevar a la calma, pues es a partir de ahí desde donde podemos descubrir nuevos espacios o pueden florecer otras cualidades inherentes a nosotros.

Alcanzar la calma no es fácil, es un camino tortuoso por sus dificultades, pero, una vez abierto un caminillo y uno se pone andar, todo se ensancha y va surgiendo la comprensión.

Por un lado, tenemos el cuerpo, por otro lado, la mente, y un tercer aspecto es la respiración. Empecemos con que hay que aprender a relacionarnos con ellos y calmarlos.

El cuerpo hay que aprender a vivirlo, a vivenciarlo, a que forme parte de nosotros, pues normalmente tenemos una imagen del cuerpo pero no lo habitamos. Superado este escollo, hay que hacerse amigo del cuerpo, unificar lo fragmentado, relajarlo,  pacificarlo, ponerlo en su justo lugar,  que sea un lugar común de uno pues vive con uno.

La mente es la confusión, son pensamientos, emociones. Vectores que entran y salen sin parar. Nubecillas por aquí, nubecillas por allí y, dentro de las nubecillas, emociones. Aquí el dicho sería: "¿quién maneja el caballo: el propio caballo o el jinete?". Es importante comprender que la mente no es el amo. Hay que enseñarle muchas cosas importantes, por ejemplo, el silencio, la pausa, para que no hable tanto internamente. También hay que ponerse en contacto con un "observador", que es quien en principio observa esa mente y nos da perspectiva. Es decir, tiene que ir surgiendo internamente una capacidad de discernir que no solo surge de la mente.

La respiración es la voluntad integradora, la inteligencia divina que recorre el espacio interior. Ella lo comprende todo y te lo dice. Hay que aprender a interpretarla, a expandirla, a sentir la vida en ella. Y resulta esencial crear una armoniosa relación de tú a tú, pues es ella la que abre los caminos, los espacios y es el puente entre la mente y el cuerpo. Es lo que alimenta el eje integrador.

Supongamos, entonces, que ya hay cierta calma. La mente, aquella que se creía la dueña, ya no lo es, y hay espacio interno, y tampoco hay tanta confusión. Entonces se hace más patente el sentir, el corazón, el centro del eje. Un corazón que comparte tu cuerpo que, a su vez, mediante la respiración comparte el mundo que sientes, la vida que palpas y que siente a su mente dulce.

En calma la vida es más dichosa, más completa, más integradora.
En calma uno es creativo, abierto, amable, divertido.
En calma uno anda centrado sin desperdiciar las energías en embrollos inútiles.
En calma uno es semilla de lo que es y nacen y nacen flores para ser más, siendo.

"En calma siento mis pies desnudos en la arena,
el mar dentro de mí,
el viento que me acaricia,
las olas, su sonido, pausado y constante.
Mi cuerpo se abandona a la escucha de ser,
¿es mi respiración el mar?

¿Es el mar mi conciencia?"





viernes, noviembre 14, 2014

De vuelta, desbrozando el pequeño bosque



¿Cúando vuelves a escribir? Preguntan, preguntan...
Ya ha pasado un "tiempesito", es hora de volver.

Hoy estuve desbrozando el pequeño bosque que he ido sembrando en el campo. Lentamente a mano, he ido limpiando una a una las hierbas altas; tranquilamente, sin prisa. Estaba lleno a rebosar de hierbas altas, por lo que sin pensar en el final, en la meta, en lo que quedaba, simplemente, iba paso a paso y, según juntaba un montón, lo llevaba hacia la zona alta donde voy echando los restos vegetales, que con el tiempo se convierten en tierra, y que uso para rellenar las macetas donde planto precisamente las semillas de arbolillos que voy consiguiendo y que van naciendo. Así el círculo se completa. Todo se ayuda, todo se comprende, todo es un todo.


El pequeño bosque tiene dos aguacates, tres robles, cuatro olivos, tres limoneros de semilla antigua, un manzano, tres árboles ornamentales de jardín para sombra, dos nísperos,  una higuera grande y dos que acabo de plantar, un alcornoque, cuatro algarrobos, un castaño, tres pinos, dos moreras. Todos son amigos y todos se alimentan entre ellos. El suelo es duro, difícil de penetrar, pero yo los mimo, les doy agua, les echo estiércol de las burritas, y los he plantado cerca unos de otros, así, por debajo de la tierra, en sus raíces, se vuelven a ayudar unos a otros, como hermanos. Y así van, felices, creciendo, de un modo inexorable, firmes, flexibles, atentos, amando la tierra que los vio nacer, amando el cielo en la intención de crecer, amando a sus congéneres, los otros árboles.

Según crecen, los pajarillos encuentran refugio entre las ramas, y les encanta comer las moras, o los higos o las manzanas cuando están maduros los frutos. Es hermoso verles venir, a tantos pajarillos, cantar de alegría. Las gallinas escarban y escarban el suelo comiéndose los bichitos y ayudando así a la salud de los árboles.

Todo se ayuda, todo se comprende, todo se une.

El yoga va uniendo los fragmentos, y esos  fragmentos hacen el todo, y ese todo eres tú. En esa de-construcción que vuelve a construirse surge un ser nuevo, enraizado a la tierra y con la mirada al frente. Surge un ser sensible a la vida, al amor, a la dulzura, a la comprensión de uno y del otro, a la no competitividad, al disfrute de lo que uno es.


El bosque me arropa, me llena de felicidad. Ahora en casa, en Huelva, ya hay en la terraza unas treinta macetas con los arbolillos que han crecido este año. Este mes los llevaré al campo. Voy a seguir sembrando, ampliando el bosque, para que tanta luz tenga su equilibrio con la sombra, para que la tierra beba del agua, pues tiene sed; para que las aves descansen, para que las gallinas paseen, para dar a la naturaleza lo que es de ella, pues yo soy naturaleza y, en realidad, al sembrar, al cuidar, al regar, al observar con felicidad, es mi ser el que crece, porque soy bosque, soy tierra y soy ave.

miércoles, agosto 13, 2014

Una bandada de patos




"Tumbao" en una playa. Es por la tarde y el sol suavizado calienta mi piel. Hay bastante gente. Hoy hemos ido a una playa popular, no una playa solitaria y abandonada de difícil acceso. Esta es una playa con su paseo, sus tiendas, sus tumbonas y sus patinetes náuticos.

Hay americanos, ingleses, alemanes, portugueses, italianos. Familias en su mayoría. Todos disfrutamos de la placidez de estar en familia, de jugar con nuestros hijos, de construir castillos de arena. De meter poco a poco el cuerpo en el agua helada. De reír en la libertad de no estar ocupados. Hoy el mar se encuentra en calma.

Observo que algo rompe el equilibrio de la escena. Varios niños nadan en diferentes direcciones, “nadarán para coger calor”, pero no, persiguen algo. Desde el cielo caen patos, y los niños los persiguen mientras  los patos caen al agua,  y “congelados y huidizos huyen como si los persiguiera el diablo”.

Parece que una bandada de patos se ha perdido en el cielo, y han ido cayendo frente a una playa llena de bañistas. Nadan los niños, se acercan a los patos cuando estos se detienen, y los patos siguen huyendo, trazando líneas sin orden en el agua con niños intentando cazarlos. Son en zigzag las trazadas en el agua que dejan los patos y los perseguidores.

La gente se va agolpando en la orilla. Los encargados de alquilar los patinetes arrastran desde la arena una zódiac hacia el agua. La lancha, rauda, veloz va rodeando a los patos más alejados y los acerca. Asomados a estribor cogen los que pueden y los meten en jaulas de plástico.

La bandada de patos es grande. Hay muchos patos.

Van llegando desde el mar niños a la orilla, cada uno lleva un pato entre las manos, “los sujetan mal, les van hacer daño”. Tienen en la cabeza un antifaz rojo y su cuerpo es negro y blanco. No pueden volar, es como si el terror y el agua helada les hubiera inmovilizado las plumas. Un pato se escapa en la arena, corre y corre, la muchedumbre se aparta, los niños lo persiguen. Se escapa en la arena un segundo pato que llevaba un niño en las manos, otro grupo lo persigue. En un momento, por la playa corretean patos despavoridos y voces en varios idiomas los persiguen.

En el agua siguen nadando detrás de ellos, y a la playa siguen llegando niños sujetando patos.

Ya son varios pequeños grupos de personas de pie mirando. Varios patos huyendo asustados. Varios niños sujetando a un pato, andando por la playa felices con la caza. Pasa un hombre con un pato en cada mano, los sujeta por las alas. El hombre se pierde en la lejanía “tiene todo el gesto de comérselos”.

"Nadie decide nada: qué hacer con ellos, cómo apaciguarles, cómo cuidarlos, dónde llevarlos o qué hacer para devolverlos a su hogar, el cielo"

La zódiac llega a la orilla, sacan dos jaulas llenas de patos.

Sigo "tumbao". Sigo observando la escena que se va difuminando. El viento empieza a levantarse. La playa va recobrando su orden interno.

"Unos patos desorientados cayeron en una playa, ya no están volando libres por el cielo, ¿Qué les hizo perder su rumbo? ¿Dónde están ahora?


Fijo mi foco de atención en mi hija y decido dar un paseo con ella. Todo es apacible. Parece como si nada hubiera ocurrido.


domingo, agosto 03, 2014

Cultivando el amor





Me preguntaba Adriano: ¿qué se puede hacer desde el yoga ante la situación de barbarie, por ejemplo, a la que hacía referencia ayer en el artículo? Bueno, lo que está claro es que cada uno puede hacer o no hacer lo que desee: en mi caso sentía un grito desde lo más profundo de mí desde hace un mes, me duele lo que ocurre, no quiero ahondar más.

Bien, volvamos al objeto de hoy. ¿Qué puedo realizar desde el yoga para que el mundo sea menos violento?

En el yoga aprendemos a responsabilizarnos de nosotros mismos, de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestro verbo. Hay un viaje hacia el interior de uno. En ese trayecto solo cabe encontrarse con el amor, pues en el interior de uno late la vida. Una vez comprendido eso, ese ya profundo amor por uno mismo como vida, te invade y todo tú eres vida y, por ello, amas la vida: a los demás seres humanos, a las plantas, a las piedras, al mar, al sol, a la tierra; todo late y tú lates junto a ello.

Surge algo muy bonito, te das cuenta de la sacralidad de todo, es decir, todo es sagrado y todo impone un profundo respeto. Es normal que, si conectas con la vida que hay en ti y con la vida que late, todo ello te lleve hacia algo que te trasciende, y ello es la sacralidad del acto de vivir.

Es importante darse cuenta de que a nivel local, es decir, en nuestra casa, nuestro trabajo, con nuestros amigos, en nuestro propio entorno… podemos participar activamente en favor de la paz y la no violencia. Es posible todo eso y mucho más, pero para ello es importante vivir atento:

-atento a lo que uno piensa, y fomentar pensamientos que construyan.
-atento a nuestros actos y actuar solo cuando se requiera, y a ser posible de un modo justo,
-atento a lo que decimos, evitando juicios, hablando desde la amabilidad y hablar solo cuando haga falta.

Creo que es importante, por tanto, vivir más atento y ser más ecuánime o justo en nuestro vivir, en el sentido de ser más amable con uno y con el mundo, es decir, amándonos más y amando más al mundo, a ti y a sus seres.

Si vivo atento, vivo más presente cada momento en mi vida y tengo más libertad para provocar situaciones internas y externas de felicidad hacia mí mismo y los demás.

Creo que el truco es no perderse en verborreas, en demasiadas proyecciones mentales, en demasiados juicios e ir a lo más simple. Y eso es, por ejemplo, que me levanto, me sonrío y soy feliz cada instante que veo despertarse a mi hija y, al abrazarla, es como si abrazara todo aquello que amo. Lo que quiero decir es que trato de entregarme al disfrute del amar, y lo logro unas veces y otras no porque estoy atento a ello, vivo para ello. Mis recursos internos y mi capacidad no van a alimentar, por ejemplo, cualidades que no me gustan como la avaricia o el mesianismo o cualquier otra que yo veo que sea un sinsentido. Busco cualidades en mí que me hagan mejor ser humano y aquello que descubro lo disfruto, lo experimento, es decir, no lo vivo proyectado, lo vivo en presente.

El otro día estuve solo toda la tarde en el campo. Estaba tan feliz y agradecido de tener esa tarde, que todo lo hice lentamente, degustando cada instante, soltando a los burritos, dando de comer a las gallinas y me dediqué toda la tarde en arreglar el riego que da vida a todo ese verdor, donde antes era roca. Y me detenía en cada árbol y reflexionaba sobre el nivel de riego y decidía qué hacer, y así fue pasando la tarde y me sentí lleno y pleno de estar conmigo, de crear vida dando verdor, de estar en contacto con todo.

Cada uno ha de encontrar su camino. En el mío ha resultado esencial el yoga. Me doy cuenta de que con el yoga siento y transmito la comprensión de la vida, siento y transmito la belleza, siento y transmito algo que viene de nuestros ancestros. Sí es posible la paz, sí es posible no tener ni causar tanto sufrimiento y, para ello, sí es posible ponernos en contacto con lo mejor de nosotros y, en realidad, si actúo correctamente conmigo, si soy más amable con aquello que late conmigo en mi vida diaria, estoy plantando semillas de paz in situ, pues todos vivimos porque el otro vive, todos amamos porque el otro ama. Todo se ama, decíamos hace unos días.

Mucho sufrimiento lo causa la comprensión incorrecta de las situaciones. El yoga da luz y te acerca hacia comprensiones más correctas, nada más, de ti mismo.


Creo, entonces, que hay que ser valiente y quemar internamente con decisión aquello que nos hace sufrir, y actuar y pensar y sentir con libertad hacia situaciones más pacientes, más tolerantes. Este es un mundo tan exigente y nos inoculan tanta exigencia, que la vida se pasa corriendo y echas la cabeza atrás y solo te da tiempo a ver tu ego y su sombra que te persigue.

Por suerte, hay mucho más que el ego. A este le encantan las fronteras, la posesión, el orgullo.

Por eso si purificamos todo ello con el fuego del amor, con el agua que todo lo envuelve, a lo mejor todos los días cambia un poco todo.


Recuerda: la atención en local. Abrazos.





sábado, agosto 02, 2014

La Deshumanización, la Barbarie y el Horror en Gaza



Una mujer palestina corre huyendo de un bombardeo y grita:
"Nos están matando, nos están matando, y nadie hace nada"

"¡El horror, el horror!"
Últimas palabras de Kurtz
del libro de Joseph Conrad  en El corazón de las tinieblas

La foto que he colocado es tal como quedó el gueto de Varsovia tras su destrucción total por el ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial hace unos setenta años. En el gueto había unas 500.000 mil personas. Enjauladas en un recinto, sufrieron todo tipo de atrocidades que no cabe señalar aquí. Recuerdo que de niño me dejó una huella muy profunda leer el libro de uno de los supervivientes llamado Borwicz. Era un libro rojo y negro de la colección Biblioteca de la Historia.

Han pasado muchos años de la lectura, pero siempre vuelve a mí como el testimonio de la deshumanización y de la barbarie.

Ante lo que está ocurriendo en Gaza se me ocurren varias preguntas:

¿Qué puede llevar a un ejército a matar a civiles, mujeres, hombres y niños, tantos niños y niñas de un modo indiscriminado?

Lo que nos llega es el horror. Es la indignidad. Es la violencia y la crueldad en estado puro.

¿Cuántos miles de heridos hay, por qué no se habla de ellos y del tipo de heridas causadas? ¿Es adrede usar este armamento para causar un mayor sufrimiento en el tiempo? El armamento usado por el ejército israelí es terrible, ¿quién lo vende, cómo se permite usarlo? ¿Bombas de fragmentación con esquirlas, drones dirigidos desde ordenador, obuses, cazas y helicópteros con la mayor capacidad destructiva?

Lo que nos llega es el horror. Es la indignidad. Es la violencia y la crueldad en estado puro.

¿Por qué casi ningún país del mundo ha retirado sus embajadores de Israel, cancelado sus vuelos comerciales, mostrado una protesta firme y valiente ante lo que está ocurriendo? ¿Cómo es posible tanto interés político, económico? ¿Cómo es posible tanta cobardía de no tomar medidas ante la matanza de seres humanos en Gaza donde hay enjauladas dos millones de personas?

Lo que nos llega es el horror. Es la indignidad. Es la violencia y la crueldad en estado puro.

¿Por qué no se deja que llegue a la población la ayuda de medicinas, médicos, alimentos, agua, luz? ¿Por qué se bombardean los refugios y hospitales, se destruyen las casas hasta los cimientos, se matan a tantos inocentes? ¿Por qué nadie hace nada ante la destrucción de seres humanos por parte Israel?

Lo que nos llega es el horror. Es la indignidad. Es la violencia y la crueldad en estado puro.

¿Cuántos muertos hay ya de los civiles, que son la mayoría de los muertos; cuántos son familias enteras, cuáles son sus nombres, cuáles eran sus sueños? ¿Cuántos son mujeres, cuántos son niños hasta los nueve años, cuántos hasta los quince, cuántos son jóvenes, cuántos padres sin hijos, cuántas madres desoladas?

Lo que nos llega es el horror. Es la indignidad. Es la violencia y la crueldad en estado puro.



Tengo muchísimas más preguntas pero no voy a seguir. Mi nombre es Carlos Serratacó, soy profesor de yoga y no me escondo ante lo que siento: horror.






viernes, agosto 01, 2014

Materialismo y Yoga



"Que yo aprenda a observarme a mí mismo con los ojos de la comprensión y del amor...
Que yo sea capaz de reconocer y sentir en mí las simientes de la alegría y de la felicidad...
Que yo aprenda a identificar y ver en mí el origen de la ira, el deseo y la ignorancia..."

Meditación basada en Visuddhimagga por Thich Nhat Hanh


Uno de los aspectos más hermosos y esclarecedores del yoga es la progresión, tanto interna como externa, hacia un mundo menos materialista. Ya hemos hablado en artículos anteriores del proceso de reconocimiento de lo que uno es. En ese andar van cayendo los trozos inservibles, los pedazos adheridos y casposos de lo que uno ya no es. Entonces uno es, y a la vez todo muta. El ser vive siendo.

Internamente no hay tanta densidad, tanto peso material. El espíritu es más libre, ligero, frágil, fuerte. Uno se da cuenta de lo que es importante en su vida y vibra o atrae aquello que le hace vibrar. Aquello interno que vibra va en busca de la luz clara.

No busca complicaciones, no busca jaleos, no busca excitaciones, no proyecta tanto.

En la calma que observa vive centrado en una vida simple, pues el yoga te lleva a eso, a una vida simple donde no vibran las cualidades tan materialistas como el afán en corto de satisfacer cualquier deseo, de tapar cualquier agujero emocional, de vivir solo por la pasta o por el trabajo.

Uno no piensa esto que digo. Lo que uno es en este camino del yoga te lleva a simplificar todo, incluso lo mental, el pensamiento, pues te das cuenta de que una de las características básicas que te ofrece la vida para ser feliz es el no vivir tanto en mental.

Vives centrado en estar centrado, sin esfuerzos, sin aspavientos, sin demostraciones. 

Y todo ello rehúye, porque eso es lo que vibra su ser, de todo este afán materialista.

Comedido de mente,
comedidos los sentidos,
comedido el cuerpo...
se expande el siendo,
y bailas, ríes, vives, andas, amas así, sin estar comedido.


El yoga te muestra las prioridades de las puertas abiertas y, en esa lista, que es vital, no una lista deseosa, exigente, material, aparecen los valores como la entrega, la comprensión de uno mismo, la capacidad de perdonarte, la libertad individual, la responsabilidad interior, el abandono, el amor... entre otros muchos; y en esa vida que diariamente optimizas hacia ese eje, que eres tú, todo cabe, todo se ama, todo se siente; y si uno vibra con lo que es, ello imanta, atrae aspectos que suman, que te hacen crecer como ser humano, como vida en esta tierra tan hermosa.



viernes, julio 25, 2014

Felices vacaciones a todos



(foto realizada por Carlos Vacas)

miércoles, julio 16, 2014

Yoga en vacaciones




Hace unas dos semanas acabamos el curso y al finalizarlo surgen por parte de los alumnos algunas preguntas que son comunes todos los años:

¿Carlos, me puedes decir asanas para practicar en verano?
¿Puedes pasarme alguna clase dibujada?
¿Podrías darme una grabación de una clase?

Todos los años, como digo, surgen las mismas cuestiones, acaba el curso y ya anhelamos practicar yoga ante la ausencia del profesor.

Llevamos tiempo practicando. Sintiendo. Comentando. Abriendo puertas entre todos... se ha trabajado con constancia, habéis sido regulares.

Creéis que no sabéis, pero sabéis. Hemos aprendido la práctica de posturas, donde nos hemos dado cuenta de la dificultad de hacernos daño. Los supuestos han sido la dulzura, el disfrute, la disciplina interna, el abandono, la constancia, la respiración como eje, el despertar a un observador.

Sois conscientes. Confiad, confiad en vuestro sentir, dejaos llevar. No penséis “no sé"; no penséis "¿está bien o está mal?".

Dejaos sentir.
Fluid.
Y, simplemente, practicad.

No es necesario levantarse a las seis de la mañana. Tampoco resulta indispensable realizar acrobacias.

Solo dejarte sentir. Siente tu respiración.
Sentado, meditando o practicando asanas.

Además, el yoga físico o hatha yoga solo es una parte del yoga. Tenemos muchos modos de practicar yoga. Recordemos: todo consiste en darse cuenta y elegir la vía adecuada.

El yoga nos permite "Darnos cuenta".
El yoga nos permite "Elegir libremente"

Igual que en postura nos damos cuenta de las partes, y vamos hacia la unidad, también puedo decidir cada día sumar en lugar de restar. Esto puede ser un buen inicio. Que mi verbo sume, que mi mirada sume; así, lo interno suma en una dirección y ello, sin lugar a dudas, es lo adecuado.

Y si todas las tardes me gusta andar por la playa pero hasta ahora lo había hecho "ausente", distraído en mi andar o fragmentado tecleando el móvil, huyendo, en realidad, del andar, dejando escapar la vida, puedo elegir, por ejemplo, descubrir que cada paseo es algo hermoso que sumar a mi sentir: los olores que cambian según ando, por la propia conjunción de brisas; y ese cielo tan inmenso, tan hermoso que es, como la conciencia que se expande; el color de las nubes, su forma, y mis pies que sienten cómo cambia la temperatura y se van adaptando a las diferentes cualidades que le ofrece la tierra; el jugar de los niños; la alegría del verano; el ruido de las olas, irregulares, constantes; las algas adheridas, su densidad; los tamaños y colores de las conchas.

Me detengo, me mojo la cara y saboreo la sal, el horizonte mengua con el calor, se difumina y me cuesta focalizar, y el mar, ese mar...

Te abrazaría para que este corazón ancho y cercano sintiera tu profundidad, tan clara, tan cercana.

Hay muchos modos de practicar yoga, lo importante es caminar despierto y crear condiciones para vivir en nosotros, para volver a nuestro eje de equilibrio y ser conscientes cuando no estamos en él.

Si sumo, voy hacia la unidad.
Si amo, el mundo me ama.
Si ando despierto, mis pasos vibrarán paz, para mí y para el universo.

Amanece, aparece un sol radiante entre las nubes. Escribo desde este tren vacío camino de la montaña, en Manresa, Barcelona. Desde Huelva hay unos mil kilómetros, de una esquina a otra de España.

"Muevo un pie en la esterilla, mantengo el centro, voy a postura. Voy hacia el otro lado, voy a postura".


De un lado a otro, y en esta esterilla tan aparentemente pequeña, cada día disfruto con la sorpresa y la felicidad de la dicha inconmensurable, con el corazón en la mano, sin dudar en mi andar, perdiéndome en el laberinto hacia ese centro, que como Ítaca, se deja querer en esa búsqueda. Suena Ray Charles, el sol ya me deslumbra, los pueblos son ráfagas de luz. No queda mucho para Sevilla.


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