viernes, julio 25, 2014

Felices vacaciones a todos



(foto realizada por Carlos Vacas)

miércoles, julio 16, 2014

Yoga en vacaciones




Hace unas dos semanas acabamos el curso y al finalizarlo surgen por parte de los alumnos algunas preguntas que son comunes todos los años:

¿Carlos, me puedes decir asanas para practicar en verano?
¿Puedes pasarme alguna clase dibujada?
¿Podrías darme una grabación de una clase?

Todos los años, como digo, surgen las mismas cuestiones, acaba el curso y ya anhelamos practicar yoga ante la ausencia del profesor.

Llevamos tiempo practicando. Sintiendo. Comentando. Abriendo puertas entre todos... se ha trabajado con constancia, habéis sido regulares.

Creéis que no sabéis, pero sabéis. Hemos aprendido la práctica de posturas, donde nos hemos dado cuenta de la dificultad de hacernos daño. Los supuestos han sido la dulzura, el disfrute, la disciplina interna, el abandono, la constancia, la respiración como eje, el despertar a un observador.

Sois conscientes. Confiad, confiad en vuestro sentir, dejaos llevar. No penséis “no sé"; no penséis "¿está bien o está mal?".

Dejaos sentir.
Fluid.
Y, simplemente, practicad.

No es necesario levantarse a las seis de la mañana. Tampoco resulta indispensable realizar acrobacias.

Solo dejarte sentir. Siente tu respiración.
Sentado, meditando o practicando asanas.

Además, el yoga físico o hatha yoga solo es una parte del yoga. Tenemos muchos modos de practicar yoga. Recordemos: todo consiste en darse cuenta y elegir la vía adecuada.

El yoga nos permite "Darnos cuenta".
El yoga nos permite "Elegir libremente"

Igual que en postura nos damos cuenta de las partes, y vamos hacia la unidad, también puedo decidir cada día sumar en lugar de restar. Esto puede ser un buen inicio. Que mi verbo sume, que mi mirada sume; así, lo interno suma en una dirección y ello, sin lugar a dudas, es lo adecuado.

Y si todas las tardes me gusta andar por la playa pero hasta ahora lo había hecho "ausente", distraído en mi andar o fragmentado tecleando el móvil, huyendo, en realidad, del andar, dejando escapar la vida, puedo elegir, por ejemplo, descubrir que cada paseo es algo hermoso que sumar a mi sentir: los olores que cambian según ando, por la propia conjunción de brisas; y ese cielo tan inmenso, tan hermoso que es, como la conciencia que se expande; el color de las nubes, su forma, y mis pies que sienten cómo cambia la temperatura y se van adaptando a las diferentes cualidades que le ofrece la tierra; el jugar de los niños; la alegría del verano; el ruido de las olas, irregulares, constantes; las algas adheridas, su densidad; los tamaños y colores de las conchas.

Me detengo, me mojo la cara y saboreo la sal, el horizonte mengua con el calor, se difumina y me cuesta focalizar, y el mar, ese mar...

Te abrazaría para que este corazón ancho y cercano sintiera tu profundidad, tan clara, tan cercana.

Hay muchos modos de practicar yoga, lo importante es caminar despierto y crear condiciones para vivir en nosotros, para volver a nuestro eje de equilibrio y ser conscientes cuando no estamos en él.

Si sumo, voy hacia la unidad.
Si amo, el mundo me ama.
Si ando despierto, mis pasos vibrarán paz, para mí y para el universo.

Amanece, aparece un sol radiante entre las nubes. Escribo desde este tren vacío camino de la montaña, en Manresa, Barcelona. Desde Huelva hay unos mil kilómetros, de una esquina a otra de España.

"Muevo un pie en la esterilla, mantengo el centro, voy a postura. Voy hacia el otro lado, voy a postura".


De un lado a otro, y en esta esterilla tan aparentemente pequeña, cada día disfruto con la sorpresa y la felicidad de la dicha inconmensurable, con el corazón en la mano, sin dudar en mi andar, perdiéndome en el laberinto hacia ese centro, que como Ítaca, se deja querer en esa búsqueda. Suena Ray Charles, el sol ya me deslumbra, los pueblos son ráfagas de luz. No queda mucho para Sevilla.


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