domingo, diciembre 28, 2014

El yoga: un estado de Ser equilibrado


"Creo que podría transformarme y vivir con los animales.
¡Son tan apacibles y dueños de sí mismos!
Me paro a contemplarlos durante tiempo y más tiempo.
No sudan ni se quejan de su suerte,
no se pasan la noche en vela, llorando por sus pecados,
no me fastidian hablando de sus deberes para con Dios.
Ninguno está insatisfecho, a ninguno le enloquece la manía de poseer cosas.
Ninguno se arrodilla ante otro, ni ante los congéneres que vivieron hace miles de años.
Ninguno es respetable ni desgraciado en todo el ancho mundo."
Walt Whitman

Me gusta el yoga por tantas razones... tiene tantos significados... tanta profundidad...

Hoy hablaremos del significado de "un estado de ser equilibrado". Un estado es un determinado modo de estar. En el día a día, en este camino del yoga, implica una progresión que reúne muchas de las cualidades que hemos ido hablando en el blog: presencia, calma, atención, abandono, silencio, gozo, disfrute, espacio...

Diría que es ese punto de vista o actitud interna desde el cual uno actúa, donde se entremezclan con claridad ese compendio de emociones del cuerpo, de los pensamientos, de los sentimientos, de la respiración... El acto de ser consciente desde un observador, de darme cuenta, implica consciencia y ya ello crea un estado. Un estado de ser. Una luz se enciende, y ya no se apaga.

Cuando persevero tanto y tanto en clase en la importancia de "estar" en la postura, con todo lo que ella implica, trato de expresar que la postura te expresa y la labor de este profesor es enseñar a encontrar los cauces o el camino al propio alumno, que ha de encontrarse y comprenderse en la postura, nada más; ha de ir encajando su equilibrio interno, que se expresa claramente en su cuerpo, en su respiración, en su mirada, en su gesto, y ese gesto mágico, simbólico, antiquísimo, ese gesto ritual lo comprende todo.

Insisto tanto en que a veces el ego nos engaña y nos lleva por caminos acrobáticos -que están muy bien- porque la realidad es que con solo levantar un brazo inspirando y luego bajarlo espirando puedo comprenderme y comprender el yoga. En lo simple, creo, radica el camino.

Vamos a comentar algunos de estos puntos hacia ese estado equilibrado:


· Hay que tener calma, lo hablábamos ayer.  Tener calma no implica poseerla, es decir, sentir la calma, vivenciar ello, calmar el cuerpo, calmar la mente, apaciguar la respiración resulta fundamental. Esa calma conecta con lo íntimo de uno y con lo íntimo de la vida, es decir, está ahí, hay que vibrar con ella, la vida te la regala, tú la aprehendes y la regulas. Con la calma y con el traje interior no tan estrecho y exigente hay que sentir espacio, de modo que todo fluye, entra y se va.
· Hay que ir comprendiendo nociones como el apego, el abandono. Nos apegamos a tantas cosas, a tantas proyecciones, a tantas emociones, y nos genera sufrimiento que nos quita la energía. El abandono solo cabe sentirlo, es atención, presencia, conectar con el tempo de la vida, dejar pasar, desdramatizar, dejar que la vida viva. Es tanto y es nada, que es esencial.
· El permanecer, el observador, la reactividad del mental. Practicar el observar a la mente, a la vida, a uno. Dar pie a ese observador que observa. Por otro lado, ser consciente de las reactividades, que irán menguando según el observador se haga más presente. Recordemos que las reactividades nos esclavizan, son una reacción ante una proyección o una realidad del otro, y nos inmovilizan, nos cierran y nos cercan en una jaula imaginaria. Ese observador se hace más patente cuanto más observa, permanece actuando sin actuar.
· La comprensión de la sombra. No hay luz sin sombra, y es cojonudo ver nuestras sombras para hacer más hincapié en nuestra luz. No hay uno sin otro, se alimentan y se equilibran.
· Importante es la noción de pausa, de la quietud. Del ajuste entre la acción y la no acción. Su relación estrecha con la energía, con la claridad que da para andar por el bosque de la vida.
· Hay que experimentar el vacío, sentir que por llenarte de emociones, de acciones, de pensamientos   tu disfraz no va a ser más bonito, sino más pesado y denso. Aquí, junto con otras cualidades, surgiría el estado de no mente. El vacío como elemento fecundo de escucha, de gozo, de plenitud de vivir.

· Reducido el mental, el Ser va tomando protagonismo, el sentir y el disfrute son pautas básicas. Conectado a la vida, te abandonas al sentir. Atento, centrado. El verbo es expresión de lo que eres.  Tus gestos, tu cuerpo expresa tu Ser. Sabes lo que dices, sabes aquello que te moviliza a ti. Permaneces confiado y vives.


sábado, diciembre 27, 2014

Sin calma no hay yoga













En el yoga vas comprendiendo, vas aligerando, vas encontrando. Surge y surge el asombro, la certeza, la certidumbre. Te ves sintiéndote, te sientes amándote. Volatizan las complicaciones, aceptas lo que es, te adaptas siendo. Abierto ofreces la semilla, pero cada uno es responsable de que fecunde. Solo eres. Y el otro eres tú, pero también es él. Trabajas internamente para transformar fronteras, te rindes para aprender a vivir abierto.

Decíamos hace un par de semanas en clase que sin calma no hay yoga. El yoga nos ha de llevar a la calma, pues es a partir de ahí desde donde podemos descubrir nuevos espacios o pueden florecer otras cualidades inherentes a nosotros.

Alcanzar la calma no es fácil, es un camino tortuoso por sus dificultades, pero, una vez abierto un caminillo y uno se pone andar, todo se ensancha y va surgiendo la comprensión.

Por un lado, tenemos el cuerpo, por otro lado, la mente, y un tercer aspecto es la respiración. Empecemos con que hay que aprender a relacionarnos con ellos y calmarlos.

El cuerpo hay que aprender a vivirlo, a vivenciarlo, a que forme parte de nosotros, pues normalmente tenemos una imagen del cuerpo pero no lo habitamos. Superado este escollo, hay que hacerse amigo del cuerpo, unificar lo fragmentado, relajarlo,  pacificarlo, ponerlo en su justo lugar,  que sea un lugar común de uno pues vive con uno.

La mente es la confusión, son pensamientos, emociones. Vectores que entran y salen sin parar. Nubecillas por aquí, nubecillas por allí y, dentro de las nubecillas, emociones. Aquí el dicho sería: "¿quién maneja el caballo: el propio caballo o el jinete?". Es importante comprender que la mente no es el amo. Hay que enseñarle muchas cosas importantes, por ejemplo, el silencio, la pausa, para que no hable tanto internamente. También hay que ponerse en contacto con un "observador", que es quien en principio observa esa mente y nos da perspectiva. Es decir, tiene que ir surgiendo internamente una capacidad de discernir que no solo surge de la mente.

La respiración es la voluntad integradora, la inteligencia divina que recorre el espacio interior. Ella lo comprende todo y te lo dice. Hay que aprender a interpretarla, a expandirla, a sentir la vida en ella. Y resulta esencial crear una armoniosa relación de tú a tú, pues es ella la que abre los caminos, los espacios y es el puente entre la mente y el cuerpo. Es lo que alimenta el eje integrador.

Supongamos, entonces, que ya hay cierta calma. La mente, aquella que se creía la dueña, ya no lo es, y hay espacio interno, y tampoco hay tanta confusión. Entonces se hace más patente el sentir, el corazón, el centro del eje. Un corazón que comparte tu cuerpo que, a su vez, mediante la respiración comparte el mundo que sientes, la vida que palpas y que siente a su mente dulce.

En calma la vida es más dichosa, más completa, más integradora.
En calma uno es creativo, abierto, amable, divertido.
En calma uno anda centrado sin desperdiciar las energías en embrollos inútiles.
En calma uno es semilla de lo que es y nacen y nacen flores para ser más, siendo.

"En calma siento mis pies desnudos en la arena,
el mar dentro de mí,
el viento que me acaricia,
las olas, su sonido, pausado y constante.
Mi cuerpo se abandona a la escucha de ser,
¿es mi respiración el mar?

¿Es el mar mi conciencia?"





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