lunes, diciembre 26, 2016

Pisando tierra o modos de enraizar con uno mismo


 Pisando tierra o modos de enraizar con uno mismo

posted: 26 de diciembre del 2016

Llevamos unos meses hablando de las profundidades. Hablemos entonces ahora de modos de fijar aspectos básicos que nos pueden llevar a una sensibilidad diferente en nuestro cotidiano. Esa sensibilidad la llamaremos "pisar tierra" o "enraizar"

Parto de la base de que resulta esencial sentir qué significa vivir en calma. Vivir aprisa y corriendo lo sabemos todos, de ello nacen muchas problemáticas que, somatizadas, nos desequilibran.

Puedo decir que en calma te das cuenta tanto del equilibrio como del desequilibrio, es decir, hay un eje y uno va basculando sobre el eje a lo largo del día. Ese eje, esa base es la calma. Luego le podremos añadir otras cualidades o características que nutran el eje, pero insisto y persisto, hay que crear condiciones para crear la calma en uno, en sentirla, degustarla, saborearla.

Para ello creo importante "pisar tierra". Si voy acelerado, es decir, si simplemente tengo prisa, simplemente estoy de proyección en proyección -por ejemplo, de lo que tengo que hacer-, he de aprender a educarme en detener dicha inercia.

Pisar tierra implica estar en lo que estoy, desde mi eje. Si me ducho, mi atención a la ducha. Si hablo, atención a lo que digo. Si escucho, atención a lo que escucho. Si voy andando, atención a mis pies. Si como, atención a que estoy masticando. Si escribo en el ordenador estas letras, atención a ello. Tratar que no me arrastre lo siguiente que me viene a la mente.

Parece fácil, pero no lo es. El truco es ir sumando: si sumo las pequeñas atenciones, me daré cuenta de las pequeñas distracciones, por tanto, he de dar un sentido, una voluntad, una dirección al acto de estar atento.

Si voy de proyección en proyección, en realidad voy de fragmento en fragmento, y eso no es calma, es fragmento. Si estoy en lo que estoy, no hay fragmento, hay unidad. Si sumo unidades, sumo unidad hacia la calma.

Voy a seguir con los ejemplos: hoy tengo el día regular, me doy cuenta, entonces he creado más condiciones de las habituales para enraizar o pisar tierra. Me he levantado, he realizado mi práctica de yoga más lenta de lo habitual. Ya de por sí, la practica me trae el presente, pero le he dado unos toques de mayor atención elaborándola más lentamente mientras amanecía, y con una profunda sensación de apertura al día y a mí mismo, una apertura amorosa que he culminado meditando.

Ello ha ahondado mi calma, ya de por sí presente, pero me hacía falta más dosis  de tierra.

He decidido no trabajar en el despacho, donde siempre me espera trabajo. He ido al campo, he dado de comer a las burras, a las aves, dándome cuenta, en todo momento, del aire, del sol, de mis botas manchadas de barro; he podado, he cogido limones, he curado a un pavo. He acariciado a los animales con mis manos y con mi voz. Todo ello me acariciaba a mí. Los jilgueros no paraban de cantar.

Me hacía falta seguir pisando tierra, uno puede desenraizarse por proyecciones o por sensaciones o pensamientos... Yo estaba desenraizado de sensaciones; proyecciones por suerte, tengo las justas.

Así que para seguir en tierra, he cambiado el almuerzo habitual, he comprado una piña, una manzana y una pera, las he pelado tranquilamente, me he hecho un zumo y al sol me lo he tomado.

Después de comer quería seguir fijando mi día en tierra: he sacado el cuero, las herramientas y, sentado en el suelo, he ido eligiendo los diferentes cueros para trabajar. He cosido con amor, sintiendo el tacto de la piel en mi piel.

Acabado ello, he centrado mi atención en recoger la casa, los pequeños detalles, un par de lavadoras, recoger lo lavado en el fregadero, barrer el suelo, y así ha ido pasando la tarde.

En todo momento me he dado cuenta de lo que hacía y no hacía, solo quería estar conmigo en mí, fluyendo en mi tempo de vida, sin poner atención a lo siguiente, sin tener prisa por acabar, sin tener meta en la cual fijarme. Solo he ido realizando atentamente con suavidad y respeto hacia lo que hacía, hacia mí mismo, confiando en que todo iba a volver a situarse en su lugar dentro de mí. Sin tiempo, sin expectativas, sin imposiciones propias.

De noche, y con el frío, me he abrigado mucho, un buen jersey, gorro y guantes de lana, y he salido a andar sintiendo el aire frío, andando por la noche oscura, con paso cada vez más firme, más en tierra, más en la luz de lo que soy.

Y ahora, al escribir esto, siento que todo está en su sitio, aquellas sensaciones que me alejaban de mi eje -por tanto, de mí mismo, de lo mejor de mí mismo- ya se encuentran en su lugar.

He nutrido con atención, he confiado en que un día es un mundo, una vida, he puesto una dirección, un sentido y mis pies, mis raíces ya alimentan lo que soy como habitualmente, con serenidad y alegría.

Pisar tierra es eso, nutrirse con lo mejor de uno mismo con atención, con entrega, con desenfado, con abandono, con confianza, con dicha. El día es muy largo, la vida también.



Artículo escrito por Carlos Serratacó

domingo, diciembre 18, 2016

La mirada consciente


 La mirada consciente

posted 16 de diciembre del 2016


"-Alba, hija mía, mira:
esta flor amarilla es para ti.
Es un jazmín que solo florece en invierno.
-Papá, huele a sol, huele amarillo."


El yoga es un camino interno. Lo interno habita en uno mismo. Para verse uno mismo es necesaria la calma. Si hay calma, hay silencio.

El silencio es amplio, inabarcable. Entonces, uno anda.

Nadie dijo que andar fuera fácil. Andar solo en estas condiciones implica sensibilidad y valentía.

Lo sensible es pura belleza. La valentía se gana paso a paso.

El silencio adquiere ternura. Siempre había estado ahí, solo pasaba que las capas de densidad lo camuflaban.

Me escucho:

Yo mismo me observo a mí mismo siendo yo mismo. Yo mismo me doy cuenta de mí mismo:

Alerta, lúcido:

Mi Corazón se encuentra entre mis manos.

En todo momento se reúnen todas las condiciones, eso es así porque la mirada es consciente.

No me siento separado, y mi corazón blandito y calentito entre mis manos, sonríe.




Artículo escrito por Carlos Serratacó



domingo, octubre 09, 2016

Refrescando el interior o fregando la conciencia


 Refrescando el interior o fregando la conciencia

posted: 16 de octubre del 2016

"Siempre que alguien me ofrece con devoción una hoja, una flor, un fruto o agua, yo acepto esa ofrenda ofrecida con devoción y corazón puro."
Bhagavad Guita. Cap.9-26


En el piso donde vivo hay un friegaplatos muy hermoso, nuevo y brillante. Ya estaba aquí cuando llegué.

Todavía no lo he usado.

A lo largo de cada día de todos estos días que suponen mi vida trato de crear condiciones que me lleven a mí, no que me alejen de mí.

Hace años que no veo la televisión, no me siento orgulloso por ello, simplemente no lo veo necesario en mi andar interno. En ese espacio aprendo a estar conmigo o aprendo a compartir con los otros.

En todo este periplo de andar hacia uno mismo, te vas dando cuenta de que todo está ahí delante, no hace falta más, y que son las pequeñas actividades cotidianas, o la propia no actividad, las que te señalan el camino hacia uno, que no deja de ser un camino hacia la vida que vive en uno, que no deja de ser sentir el espíritu que está en ti y en la vida.

El fregar los platos me ayuda a comprenderme. Para llegar a un pleno disfrute de ello hay que ir superando varias dictaduras falaces como, por ejemplo, "que no tengo tiempo", "que si el friega platos es más cómodo" "que me mojo las manos" "que es aburrido" y tantos obstáculos más. En realidad esos obstáculos son condiciones bellísimas que te da la vida para crecer como ser humano, pues, según avanzas en el "fregao",  tu conciencia se va refrescando en todos los sentidos.

Sí, me amo y amo a la vida cuando siento el agua recorriendo el plato, el agua justa, ni más ni menos. Sí, siento que el plato es amigo de la taza, de la cuchara, de la olla llena de grasa.

Creo que todo está ahí delante, es decir, dentro de nosotros. El fregar los platos abre la espita de mi espíritu que me recorre y me une.

Podemos practicar dándonos cuenta y poniendo en duda el materialismo, buscando situaciones de unión con uno, no de fragmentación.

La mayoría de situaciones simples, se presentan continuamente, pues es desde lo interno donde nacen los nudos, pues la vida en sí es simple, pues fluye en un continuo estar y devenir. Es nuestra mirada hacia nosotros lo que crea nuestra mirada hacia el mundo, hacia el otro, y es ahí donde hay que estar, con decisión, con confianza, con calma y abandono de disfrute.

Es tan hermosa la entrega a un "fregao", tan bonita… y esto que escribo suena tan incomprensible. Para amar lo simple, hay que vaciarse de lo complicado, limar los barrotes y asomarse.

Mucho nos puede ayudar la función de vaciarnos de aire: para equilibrar un llenado de aire, uno se vacía de aire. Podemos trasladarlo a probar que, en lugar de llenarme de tantas historias y cosas, pruebo a vaciarme un ratito de ello. 

"Vacío friego con alegría, lleno del frescor nuevo que me inunda"

Refrescar la conciencia es actualizarme como persona cada vez que soy consciente de mí. Los árboles crecen, una brizna de hierba también, y nosotros también, y es en ese refrescar donde se atisba la vida que hay en nosotros.

Solo hay que andar, paso a paso, sin más explicaciones. Solo andar. Seamos valientes. Andemos juntos de la mano.



Artículo escrito por Carlos Serratacó


Antagonismo y Amor


 Antagonismo y Amor

posted 16 de octubre del 2016

Mucho de nuestra construcción interna se basa en el antagonismo y, con el tiempo, las verdades que sujetan nuestra parte del antagonismo se hacen férreas.
Mi periplo en yoga me ha llevado poco a poco, pero de un modo inexorable, hacia la disipación de muchos de mis antagonismos. Con ello, muchas de las contradicciones interiores han abierto espacio a un sentir más amplio, más generoso conmigo y con el otro. Me doy cuenta que no soy poseedor de ninguna verdad, me doy cuenta que todo ello me muestra lugares insospechados y amables de mi alma.
La amabilidad del alma es silenciosa, es despierta y en su construcción habita el corazón. El corazón dispone de una base irreductible, y esa es el amor. Si del antagonismo surge el fortalecimiento del ego o la permanencia del conflicto, o la marcación de un territorio que uno defiende con uñas y dientes, de la observación del antagonismo propio, y de la apertura y rendición surge ese espacio fértil, amplio en su horizonte, fructífero en su crecimiento, de nuevas situaciones, tanto internas como externas, tanto para nosotros como para el mundo.
Si mi pisada en la tierra tiene menos carga de antagonismo, la tierra que piso es más pacífica.
Uno pierde protagonismo barridas las defensas desde un modo consciente. Todo se acepta, y la mirada se hace amorosa, comprensiva, compasiva. Es penetrar en el antagonismo, penetrar con la mirada clara y honesta, y desde la calma y el amor, entregarse, no dar importancia a la ganancia o la pérdida, uno solo es con lo que es, no caben explicaciones. Tu propio yoga te muestra dónde andar, y nadie dice que ese andar sea fácil, es un andar que te descompone, te compone, y te va mostrando lo que eres. Al mirarlo, sin miedo y sin defensas, a tu corazón lo sientes más blandito.
Al principio da miedo mirar, pues la construcción, la edificación en la cual te sostienes para ser, tiene una gran fortaleza, pero esa construcción, ese ser, se disipa cuanto más miras, cuanto más penetras, y surge otro Ser más intimo. El miedo como resistencia o barrera se desarma. Y ahí te das cuenta que otra hoja ha caído, y que ya no es otoño, y que nacen con todo su esplendor nuevas hojas en una nueva primavera. Y así, sucesivamente las estaciones pasan, y en todas ellas estás vivo, aprendiendo a Ser.
Las contradicciones siguen, los antagonismos también, pero la mirada es otra, y esos nuevos caminos internos que nacen van rompiendo capas de egoísmos, de codicias, en definitiva, de densidades que me alejan de lo que soy, un ser humano con corazón.
Compasivo es que comparto, comparto contigo, lo que eres. Compasivo es que me comparto conmigo, con dulzura.
Donde observo que me muestro con vehemencia cuando me miro, y me veo defender alguna trinchera, me rindo, y ¿sabéis?: solo nacen flores, flores de colores de intensidades insospechadas y, ahí, con el deleite del nuevo néctar, me asombro, me asombro de la vida, de su magia, de sus posibilidades, de su profunda y serena belleza.


sábado, julio 02, 2016

La rendición ante la incertidumbre




La rendición ante la incertidumbre

posted: 16 de julio del 2016


"La presencia es un estado de ser"

Muchas de las patologías que existen actualmente en nuestra sociedad  vienen derivadas por varios factores que nacen de los valores actuales. Los llamo: "los valores alienados".

Si hablo de patologías, también podría hablar de sufrimiento.

Alienado lo entiendo como que no es mi yo real el que responde ante la realidad, sino un automático ficticio que responde reactivamente con poco margen de actuación.

En ese "yo ficticio" la conciencia, o el darme cuenta, trabaja en el periférico, en los bordes. Si hubiera un centro de conciencia, es lo más alejado de él.

Por otro lado, pero íntimamente ligado con lo dicho, resulta bastante complicado "vivir nuestro presente". Las situaciones pasadas o las proyecciones de cómo quiero que sea ese presente en ese momento hacen que la situación que vivo en muchas ocasiones sea densa, es decir, que no se ciña a lo que quiero que sea esa realidad que proyecto o añoro.

Por tanto, todas estas premisas me alejan de lo que vivo en ese momento.

Podríamos sumarle una premisa también poderosa: esos vectores inconscientes no sanados o clarificados que hacen que mis acciones o pensamientos condicionen mi presente. Es decir, aquello que no he querido ver y lo he guardado en una cajita en mis profundidades, que yo creo que están  bien guardados con la tapita cerrada, pero no es así, porque desde dentro de la cajita muestran su fuerza, pero no nos damos cuenta.

Ahora volvamos a una palabra de la que hablamos ayer: la rendición.

Supongamos que acepto la realidad que se presenta, no lucho contra ella, la observo y me entrego. Y ahora aquello que me mueve internamente lo observo con la mayor ecuanimidad que pueda, y profundizo en ella sin apegarme a lo habitual de un resultado inmediato y a ser posible placentero. Supongamos que pongo el corazón a ese presente, y no estoy tanto en lo que creo que quiero que ocurra.

Sumemos: ¿y si mi doy cuenta de que no puedo controlar la vida o etiquetar por más que quiera, por más que luche, o por más ahínco que ponga en ello?

Si la vida es incertidumbre y lo acepto, ¿no me estoy rindiendo ante lo que me ofrece la vida?

Y si soy consciente de mi vida y de mi presente, ¿no es hermoso entregarme a lo que me trae la vida y rendirme ante ello, sin resistencias, sin quejas, con aceptación y entrega?

Entiendo que es importante que haya una calma consciente en todos estos movimientos que observo, de modo que pueda desde esa calma ser consciente y tomar las decisiones correctas. Es decir, tiene que haber enraizamiento, presencia, tener cierta claridad de quién soy, dónde estoy, y hacia dónde van mis pasos.

La incertidumbre es efímera pero es constante. Aprender a bailar todo ello es un camino de aprendizaje. Cuanto más practico, más bailo.



Artículo escrito por Carlos Serratacó



viernes, junio 10, 2016

Las pequeñas rendiciones son una gran rendición


 Las pequeñas rendiciones son una gran rendición

posted 16 de junio:

"Cada uno tiene su experiencia al caminar"

Llega un momento en el que al practicar postura siento que he de rendirme. Eso es porque la intención que he puesto al realizarla, la dirección que le he dado desde lo interno es eso, entregarme.

¿Rendirme a qué?
A mí mismo.

¿Para qué?
Para profundizar en mí.

Hubo un tiempo en el que iba al límite. Supongo todo tiene su evolución y, simplemente ahora lo veo de otro modo, no es mejor ni peor, es simplemente que sentía que había algo más, y si cambiaba mi actitud interna iban a surgir otras comprensiones de lo que soy.

Y así ha sido. Todo ha cambiado, y como normalmente el yoga empapa mi cotidiano, mi vida diaria se ha ido nutriendo a la vez de dichas rendiciones, estas pequeñas entregas.

La personalidad es necesaria, nuestra imagen que tenemos de nosotros, nuestras ideas, nuestras verdades… pero me preguntaba, ¿y detrás? ¿Qué hay detrás? ¿Cómo puedo atisbar un ápice de lo que hay detrás? ¿Cómo trascender todo lo que creo que soy?

Desde el puesto de observador, por ejemplo, en la meditación, te das cuenta de la impermanencia de todo aquello que crees ser.

¿Y que siento cuando me rindo? Al principio siento dolor, pues hay que ir hacia el corazón, y según se van deshaciendo como un azucarillo todas esas capas que cubren mi corazón, duele más, y cuanto más me rindo, más me duele. Luego, me apaciguo.

¿Es esto algo malo? Para nada: es hermoso. Ahora mi trabajo interno es seguir andando, nada más.

Mis pequeñas rendiciones en lo cotidiano implican una retirada amorosa en aquellas situaciones donde habitualmente se generaban pequeños bloqueos. Normalmente funcionaba repitiendo las mismas situaciones y eso me producía los mismos resultados. Todo suele repetirse bajo diversas capas de camuflaje, pero si somos constantes nos daremos cuenta de la profundidad de las impresiones mentales/emocionales/reactivas, y el yoga me llevaba de la mano para salir de ese cruce de caminos, para seguir caminando.

Rendirme ya de por sí me ha llevado hacia una apertura mayor, y lo más difícil, pero solo al principio, es rendirte hacia el otro. Rendirte ante el otro es una situación muy bella, abre puertas inimaginables, abre espacios nuevos en ti mismo y en la otra persona, espacios que son lienzos en blanco, y son humildes, pues la rendición impone humildad ante lo que sientes y humildad de escuchar la verdad del otro.

Pues simplemente decido que no tengo verdad, que lo que pienso no es tan importante, ni lo que creo ser, ni nada que me cree una línea de separación contigo, o con el mundo, o con el vecino.

En la rendición que siento prima el conjunto y, claro, todo esto que estoy escribiendo, en la sociedad actual, resulta complicado. Rendición se comprende como sumisión, y lo que cuento no lo entiendo así.

El yoga me ha ayudado a vaciarme de mi historia personal, de mí mismo y, sobre todo, de dejar de luchar por todo eso, de luchar demostrándome hasta la muerte, y de creérmelo.

Solo siento que ahora ando algo más ligero, y  que se va fortaleciendo otra comprensión de ese "mí mismo", nada más.


Artículo escrito por Carlos Serratacó


sábado, junio 04, 2016

Los artificios y la fuente


 Los artificios y la fuente

posted 4 de junio del 2016


La observación de uno mismo nos muestra, y ese es un hermoso trabajo interno: verte.
Uno con el yoga va aprendiendo a verse, prefiero decir, observarse.
Para observarse hay que generar unas condiciones; la principal: aprender a observarse en calma.
La calma abre aquello que es estrecho, que era lo poco que observaba de uno.

Lo poco que observaba de mí, me doy cuenta que es un artificio.
Al observar la vida, observo que los artificios crecen y desaparecen,
como las nubes impulsadas por el viento.

Si persisto en observar en calma,
me doy cuenta de la facilidad de la distracción.
¿Quién soy yo?
¿Un fugaz artificio distraído?

Profundizo.
La calma se derrama.
El silencio le acompaña.
Aquello que observa no se cansa de observar.
¿Será algo estable?

Nací desnudo.
Y me paso la vida vistiéndome con mil ropajes.
¡Qué cansancio!

Y ahora, otra vez desnudo.
Frágil, vulnerable.
Mi mirada me muestra.

Todo el día con sed,
y bebo agua.
Curioso:
 me encuentro inmerso
en un mar infinito
salado.


Miro arriba y abajo
a derecha y a izquierda
y, por más que miro,
Resulta que no hay
ni arriba
ni abajo
ni derecha
ni izquierda.

Las golondrinas dan vueltas y vueltas
chillando de felicidad.
No se preguntan:
¿porqué doy tantas vueltas?
Simplemente
disfrutan
sin disfraz.


Artículo escrito por Carlos Serratacó

viernes, enero 29, 2016

El silencio y el corazón en yoga (notas sobre el yoga como revolución del corazón)




El silencio y el corazón en yoga (notas sobre el yoga como revolución del corazón)

posted 29 de enero 2016

Pasan los días, pasan las semanas, pasan los meses, pasan los años y poco a poco uno en su práctica y en su progreso lento pero disciplinado en yoga va descubriendo el silencio que habita en uno.

Una nueva perspectiva vital va naciendo ante ese descubrir escalonado. El ruido no es algo externo, es todo aquello que nos distrae de lo que somos, y eso nace de la intimidad que nos vive.

El ruido nos aleja de lo que somos, el silencio nos muestra qué somos.

Nos perdemos habitualmente ante los automatismos de lo cotidiano. Hablábamos el otro día de la trampa del tener. Hoy podemos comentar que en el silencio se encuentra el ser.

Lo que quiero decir es que la conciencia de darme cuenta va unida al silencio de ser uno, que se encuentra alejado de los inútiles esfuerzos de demostrarme tener que ser alguien.

Ante el silencio hay calma que observa y da lo mismo la velocidad social de los patrones imperantes, o de las metas fabricadas bajo ese dominio. En el silencio uno es libre y tu tiempo es el tempo de la vida que vive en ti.

La vida es un corazón y lo que ve es un corazón que se nutre del corazón de la vida que observa ese propio corazón. Todo se retroalimenta en abierto.

La vida, como energía con un corazón en el centro, se alimenta de la energía que alimenta ese corazón. Aquello que crea diques, conflictos, jaleos es energía sin sentido, es decir, es vida también, pero como aprendizaje para dar más fuerza  para alimentarte de otra energía más enriquecedora: la de lo simple, lo fluido, lo suave. Todo se complementa, pero la libertad te da elección.

El vacío de la mente es importante, el pensamiento como vector de energía o como elemento que intercede en  nuestro actuar y nuestras emociones es poderoso. Por tanto, es importante su observación para ir habitando el silencio y ver cómo el silencio va mostrándose en la mente, en la respiración, en el cuerpo, en el gesto.

El desgaste no necesario resta visión. Y el pensamiento como vector o ha de ser adecuado o no ha de ser. Y si no es, no pasa nada, uno sigue andando.

Todo es un andar permanente, una atención viva, un volver una y otra vez.



Artículo escrito por Carlos Serratacó






domingo, enero 17, 2016

La preocupación del tener. (Notas sobre el yoga como revolución del corazón)






 La preocupación del tener
(Notas sobre el yoga como revolución del corazón )

posted 17 de enero del 2016

"La manera de hacer es ser"
Lao-Tse

Vivimos en una sociedad  en permanente preocupación. Nos  encontramos preocupados por cualquier cosa.
Me preocupo en el trabajo, andando por la calle, por la cuenta del banco, por la hipoteca, por preparar el almuerzo, porque me aburro el fin de semana, por lo que sea. En una gran ciudad, si viajas en metro por ejemplo, y el vagón va a reventar, no observo ningún gesto relajado, son cuerpos y semblantes cansados, tensos, preocupados.

Vivimos en una  sociedad donde, si uno es un triunfador, es una  persona genial, y no solo eso, resulta que también eres buena persona. La educación y los propios medios de comunicación social retroalimentan todo ello. El propio orden social te explica que el único camino es ese.

Vivimos en  una  sociedad capitalista si no recuerdo mal, donde el objeto último es generar un capital y obtener beneficios, y en la que el fin vital de todo ello, en mi pueblo, se llama codicia. 

Vivimos en  una  sociedad donde se fomenta un consumo que yo consideraría compulsivo. No solo eso. Si profundizamos: si consumes, tienes y, si tienes, eres. Es decir, al comprar el producto, soy. Si reflexionáramos un poquito, eso no se acaba nunca, pues el tener es algo efímero. Y lo que es aparente no es. Por tanto, aunque yo crea que soy, no lo soy.

Cada vez hay más personas insatisfechas, o con desórdenes de todo tipo producidos en parte a consecuencia de lo que estoy hablando. A la par hay una industria que cubre dichos desórdenes, carencias o, preferiría llamarlos, desequilibrios.

Queda claro a estas alturas de blog que el yoga me ayuda a comprender mucho de lo que escribo. El yoga es revolucionario, aunque él, simplemente, es  yoga.  A mi entender es un motivo de alegría intenso saber con una certeza íntima que el yoga te transforma el corazón, por tanto, la  estructura de  la  persona, en  todos los ámbitos, de cabo a rabo. Todo ello es una esperanza hermosa, de ahí la intensa dicha.

Por ello escribo en el blog, para explicar que hay otro modo de vivir la existencia,  y es un modo que te nutre como ser humano, y que te enseña a disfrutar de tu potencial como persona. Como persona que tiene un corazón, un alma, un espíritu.

En el yoga no te vale con tener, es decir, no te vale con  realizar la  postura y ya está. Eso sería un modo de  poseer algo que no puede ser poseído. Por eso hablo tantas veces  de no perderse en "postureos". La postura es algo infinito en su práctica y en su simbología. Es decir, como símbolo de lo que uno es, es infinito, y darte cuenta que es así te quita muchas tensiones, muchos esfuerzos innecesarios, mucha energía desperdiciada sin sentido.

Todo ello surge de uno cuando se encuentra en asana, porque, en realidad, la postura te abre y te hace darte cuenta de los desechos, de lo caduco, de lo repetitivo que hay dentro de  ti, y eso es algo maravilloso. Te desnuda.

Recordemos que el camino en yoga es hacia el ser.  El ser es lo que soy sin disfraz. Aparece un Yo real que observa su realidad y no se esconde tras algunos de los disfraces, y que decide en qué escenario estar y vive su vida en comunión con todo lo que es vida. Tras ese Yo real hay un corazón.

Vamos a seguir hablando de las enseñanzas del yoga en lo cotidiano con ejemplos concretos. Nos vemos.





Artículo escrito por Carlos Serratacó


jueves, enero 14, 2016

Encontrando un camino: el punto justo de la práctica


Encontrando un camino: el punto justo de la práctica.

posted 14 de enero del 2014


"Las palabras señalan una experiencia, pero no son la experiencia".
Erich Fromm

"El yoga se muestra si no matas al pájaro".
Carlos


Hemos hablado tantísimas veces de la importancia de no perderse en la postura, de encontrar el punto justo de la práctica, que hoy vamos a explicar un poco todo este tema.

El punto justo de  la práctica implica tener una intención, una  constancia, un corazón.

La intención radica en darnos cuenta que más allá del ego hay algo más. El ego es algo importante, pero no es lo más importante en el camino. En los primeros años de práctica de yoga hay que ir creando condiciones para acallar un poco a este pequeño protagonista llamado ego, que siempre quiere figurar en todas las portadas.

Para ello trabajamos la calma, aquietamos el ruido mental y olisqueamos lo que hay detrás. En ese silencio que va abriéndose espacio dentro de uno, sientes que no hay tanta fragmentación en multitud de yoes, valoraciones, enjuiciamientos, competiciones y demás características de nuestro amigo ego.

Entonces, la intención al inicio es estar atento internamente a otras cualidades que nacen de uno que no son las ególatras habituales. He nombrado alguna, calma o silencio, pero hay muchas más.

La constancia implica que todo nuestro ser ha de estar atento a aprender a vivir atento, es decir, a aprender a "vivir vivo". Por tanto, la práctica, en realidad, es permanente, uno practica las veinticuatro horas. Cuando empezamos la práctica en esterilla nos va haciendo comprender diferentes cualidades, nos van anclando, enraizando adecuadamente, pero para ello resulta esencial tener bien clara la intención, y no perderse dando demasiadas vueltas en los permanentes camuflajes para no vernos. Tras la constancia se encuentra la Voluntad. Amiga de la Voluntad es la Conciencia. La Conciencia nace del pequeño acto cotidiano de darme cuenta.

El corazón es la base, el corazón es el alimento, es la dulzura, la miel, el disfrute, el sentir, la comprensión, la entrega, es decir, lo es todo. Porque todo late, y todo late en uno. Lo que queremos decir es que es una pena perder la vida tras los caprichos del ego habiendo tanta hermosura dentro de nosotros, y que el yoga, al ir resquebrajando capas en una vía de penetración -a veces lacerante- hacia lo íntimo de uno, te muestra un corazón, y solo cabe vivirlo.





Artículo escrito por Carlos Serratacó


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