jueves, marzo 23, 2017

Percepción y Realidad en Yoga


 Percepción y Realidad en yoga.

posted 23 de marzo



"La libertad tiene que consistir en la capacidad de elegir la propia vida, de encontrarse a sí mismo al nivel más profundo posible." Thomas Merton

Mi mundo, mi realidad, lo que soy depende de cómo me interpreto y desde qué lugar lo hago desde dentro de mí. Mi mundo es lo interno y lo externo. Mi mundo es mi relación con la vida que hay en mí, con la vida que hay fuera de mí.

¿Soy consciente de la vida que late en mí? ¿Me doy cuenta con todo mi ser de la vida que late en todo?

La percepción e interpretación de todo ello me muestra la realidad de lo que soy.

El yoga tiene la capacidad de ir clarificando nuestra percepción de la realidad, es como si en un cielo intenso en su inmensidad ya no hubiera tantas nubes, y en la mirada a ese cielo tan hermoso, esa inmensidad se reflejará en ti. Y las nubes, benditas ahora las nubes, te ayudarán a ver incluso más esa inmensidad pues, como medio hábil, te permitirán reconocerte de un modo más profundo.

Habitualmente percibimos desde una mente periférica alienada, esto es, una mente consciente colonizada, o una mente superficial modelada bajo muchos parámetros que no hemos elegido libremente. Me lo voy a inventar: ¿y si la mayoría de los parámetros con los que percibo simplemente son un producto más que me han vendido en esta sociedad donde la adoración hacia el materialismo me hace caer una y otra vez en una realidad que no soy yo, con una multitud de yoes alejados de mi yo central, de lo que soy yo como persona, como ser humano, como ser vivo con un corazón grande y bello?

Volvamos al inicio: el yoga, la percepción, la realidad. 

El yoga es calma. En la calma puedo profundizar simplemente porque no hay tantas nubes. Si no hay tantas nubes, hay horizonte. Si hay horizonte, hay inmensidad. No es lo mismo percibir desde una periferia apretada o rígida que desde un centro abierto y flexible. Simplemente la realidad cambia. Es decir, la realidad es más real en su profundidad. Y algo importante, puedo elegir siendo yo mi propia realidad.

En un círculo no es lo mismo habitar pegado a la circunferencia que ser eje y circunferencia siendo consciente de ello. Podría decir, por ejemplo, que desde el centro o eje a cualquier lugar de la línea de circunferencia hay una igualdad de las partes, eso puede enseñarme la ecuanimidad, una realidad más justa conmigo. También podría decir que me doy cuenta cuando no estoy en el eje, aparecen líneas que me sacan de ahí -eso es la propia vida-, pero al darme cuenta creo condiciones para volver a ese centro vivo que se ajusta a la realidad de lo que es, es decir, yo como ser humano vivo y consciente de un modo más equilibrado.

El yoga es presencia, y no es lo mismo vivir en presencia que vivir en proyección o vivir en aquello que ya no es. Cuanto más vivo en mi presente, mayor presencia vibro; cuanto más vibro en lo que soy, más me encajo con la realidad de la vida, porque yo soy vida, y la vida es vida, y nada me separa de ella salvo el desconocimiento que interpreto; y actuó desde un lugar donde no soy; o soy un poquito de lo que soy o que percibo desde uno de los yoes que me habitan y que me muestran una realidad a trozos, a fragmentos. La presencia transforma las dudas, las convierte en presencia porque la realidad no duda. La realidad soy yo en lo que soy.

Si voy paso a paso hacia una realidad más justa, más respetuosa, más presente conmigo y con el mundo, yo soy más consciente de mi corazón, pues soy más presente de mi corazón cuanto menos alienado me encuentre. Aquí surge un hito importante: la percepción se hace menos egoísta, simplemente porque es más dulce y amable. Si no es tan egoísta, mi ser se encuentra más abierto, por tanto, mi realidad es más abierta, con mayores posibilidades de dicha.

Surge entonces un menor margen de error ante ese actuar en lo cotidiano, ese actuar es no actuar. Es actúo sin actuar porque no soy actor de nada, solo soy. Sufrimiento siempre lo habrá, pero, si reduzco el margen de error, disminuiré el sufrimiento. En realidad el eje o centro se convierte en sol, e incluso desaparece la circunferencia inicial, y entonces esa nube de sufrimiento en realidad se convierte en una excusa o medio hábil para discernir incluso de un modo más justo contigo, con el mundo, con la percepción de la realidad.

La realidad del eje es vivir desnudo, acostumbrados a los ropajes en el teatro de las vanidades, hemos de andar valientes y con la mirada firme y frágil, amable y penetrante. No hay premio, hay la garantía que no hay nada tan bello que vivir la realidad de uno mismo siendo consciente de uno mismo.



"Sutra del corazón"-Deva Premal

Artículo escrito por Carlos Serratacó


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